Introducción a la historia de la filosofía universal (2024)
Introducción a la historia de
la filosofía universal – Versión
2024
Fecha de publicación: 2/4/2024
Autor: Maximiliano Laplagne
1) Algunos comentarios previos
I) No tan universal
El objetivo de este primer bimestre es que, en general, podamos condensar
una síntesis de lo que denominamos historia universal de la filosofía. Como
tal, partimos de un problema, pues lo estrictamente “universal” va mucho más
allá de la historia que puede abordar nuestro curso. Paradójicamente, no
veremos nada referido a la filosofía del universo pues no analizamos, por
ejemplo, si es posible que las estrellas tengan pensamiento propio. Aunque esto
suene ridículo planteado de forma abstracta, bien desarrollado, uno podría deducir que si los seres humanos somos
seres de la naturaleza, entonces, (acaso), cuando pensamos, ¿no es la naturaleza
la que está pensando a través de nosotros? Siguiendo esa línea sería fácil
llegar al pensamiento de una estrella. Pero, insistamos, nuestro curso se
dedica al pensamiento humano lo cual, también, nos deja lamentablemente por
fuera el pensamiento del reino animal (si es que se admite la existencia de tal
cosa / Hoy, por ejemplo, existen la terapia psicológica para felinos y en la Universidad
de Buenos Aires existen cátedras enteras que se dedican a la filosofía de la
animalidad). Bueno, ya de entrada vemos que lo nuestro no es tan universal.
Peor aún es admitir que dentro de lo humano tampoco abarcamos al conjunto
de su universo. Si hablamos de la “historia” de la filosofía pues nos queda por
fuera la denominada prehistoria humana
y sería necio afirmar que no se pueda encontrar un pensamiento filosófico en el
hombre primitivo, incluso aunque el mismo corresponda a la época de su salvajismo.
Y sigamos con las malas noticias pues tampoco abordamos al conjunto de las sociedades
humanas una vez que éste abandonó su época de salvajismo y constituyó su
civilización (de acuerdo a los manuales clásicos de historia, es aquí donde
propiamente comienza lo que denominamos “historia” y no “prehistoria”). Debido
a los planes de estudio que heredamos en las escuelas argentinas (por su puesto
todos conformados mucho después de la conquista de América) nos queda por fuera
la riquísima filosofía de los pueblos
indígenas de América Latina siendo que, por ejemplo, el pueblo mapuche
ofrece toda una cosmovisión del comportamiento y la ética humana frente a la
sociedad y a la naturaleza. Nos quedan por fuera también las ideas filosóficas
nacidas en África y – lo que a mi parecer es una tragedia – nos queda por fuera
el pensamiento oriental con todo su
afán a la búsqueda de la paz interior, la meditación y el Nirvana. Sobre esto
último, sin embargo, intentaremos observar de qué forma se ha penetrado en el
pensamiento occidental y, en particular, europeo.
II) Línea del tiempo
En filosofía es sumamente necesario ser críticos con lo que uno mismo
plantea. Sólo con una observación severa a sus propios defectos es que se puede
superarlos. Es por ello que en filosofía referirse a una “línea del tiempo”
puede ser un problema más que una solución. Sin embargo, daremos batalla y le
haremos frente al problema en cuestión.
Nuestra línea posee la siguiente forma:
El extremo B quizá sea el más simple pues implica leer un tiempo que – en lenguaje matemático – tiende al + infinito, o sea, el infinito positivo (+∞). No parece difícil pensar que el tiempo nunca se detendrá incluso – como es de común acuerdo entre los científicos – aunque el acercamiento cada vez más acelerado del Planeta Tierra al Sol haga que la Tierra deje de existir y con él la humanidad se transforme en cosa del pasado como lo fueron los dinosaurios. Bueno, en realidad, esto es relativo y depende de la concepción del tiempo que uno posea pues si se considera que para que haya tiempo es necesario que haya seres humanos pues (como dice Immanuel Kant) el tiempo es condición de todo fenómeno y los fenómenos son algo humano, pues ok, si se acaba el mundo se acaba el tiempo. Sin embargo, por ahora, partiremos de la idea de que el tiempo es objetivo y que, pase lo que pase, habrá tiempo. Está claro que esta versión que elegimos se opone a las ideas católicas de un apocalipsis que llegarían para ponerle “un fin a los tiempos”. Sólo para que se vea gráficamente, una línea del tiempo que considera posible la finitud del tiempo debería ser de la siguiente manera:
El problema de la concepción del tiempo nos lleva a la forma de la línea.
La forma recta parece mostrar que el
tiempo es algo lineal, consecutivo, perfecto, divisible en partes iguales,
armónico, sin ondulaciones, sin espacios, etc, etc, etc. Sin embargo, está
claro que en la vida cotidiana el tiempo no se percibe nunca de tal manera. Por
ejemplo ¿son iguales ocho horas estando despierto que ocho horas estando
dormido? ¿Ocho horas trabajando que ocho horas en la playa? Claro que no pues
las ocho horas se conciben de forma distinta. Lo mismo sucede cuando estudiamos
la historia humana con atención (y es lo que justamente estamos estudiando).
Tenemos en nuestra mente la idea de que la antigüedad pasó de forma lenta y ni
hablar si nos remitimos a los cientos de miles de años del hombre primitivo. En
cambio, luego de las revoluciones industriales, de la modernidad, de las
revoluciones tecnológicas, la internet y la inteligencia artificial de la
“nueva era” el tiempo se expresa de
forma acelerada. Desde el descubrimiento del uso del fuego por parte del
ser humano hasta la invención de la lamparita pasaron quinientos mil (medio
millón) de años y de la lamparita a las luces LED apenas unos cincuenta, pero
cincuenta años en los que la cantidad de cambios que vivió la civilización
humana parecen haber sido tantos
como los quinientos mil anteriores. Dicho esto, todo alumno estaría en lo
correcto si se siente con ánimos de criticar la forma lineal de estudiar el
tiempo (“línea del tiempo”) y plantea otras formas posibles de analizar lo
temporal, por ejemplo, representando el tiempo con curvas, parábolas,
paralelas, intersecciones, imperfecciones, vacíos, puntos, desequilibrios,
aceleraciones, caídas, avances, retrocesos, etc, etc, etc. Salvador Dalí,
pintor surrealista, intentó dejarnos su sensación del tiempo mediante un cuadro
que alcanzó (y sigue alcanzando) fama internacional:
Aquí otros gráficos, tan matemáticos como el anterior,
que podrían ser representaciones fehacientes del tiempo:
Finalmente nos queda el extremos A, el que tiende hacia el infinito
negativo (-∞). Ya esto debería
empezar a hacernos ruido pues, ¿cómo es posible pensar el tiempo negativo? ¿Un reloj que gira “hacia atrás”? Ok, dejemos ese
problema por ahora de lado y pensemos solamente en el punto de partida. Sólo
para nosotros, hoy, gracias a que cientos de miles de jóvenes y docentes
durante décadas en nuestro país rechazaron
la educación religiosa en la escuela pública es que podemos pensar
libremente en un tiempo infinito hacia atrás. Sucede que tanto en las
religiones antiguas y sus respectivas mitologías como en el catolicismo
apostólico romano se establecía con firmeza un inicio de los tiempos. De
acuerdo a la Biblia católica Dios
creó el mundo ex nihilo, o sea,
“desde la nada” y, de acuerdo a la Teogonía
del griego Hesíodo el mundo actual comienza a formarse cuando Éros (algo así como el amor primordial)
intervino para salvar el caos (Khaós)
del universo generando luego la unión entre Gea y Urano, o sea, la Tierra y el
cielo. Para ambas culturas una línea del tiempo se vería de la siguiente manera:
Bueno, hemos visto el problema de cómo representar la
historia y nos hemos dado cuenta de que solemos tomar por simples cosas que no
lo son tanto. Esto debería servirnos de experiencia para lentamente acercarnos
al método crítico de la filosofía. Por el momento, sin embargo, analizaremos la
historia de forma lineal haciendo énfasis en distinguir las etapas de la
historia universal para luego observar qué tipo de filosofía le corresponde a cada
época. En los próximos bimestres haremos zoom en algunas de las épocas y
estudiaremos el pensamiento de algunos filósofos en particular pero ya
conociendo de antemano en que época y en qué contexto económico, político y
filosófico desarrollaron sus respectivos pensamientos.
2) Las cuatro grandes etapas de la historia de
la filosofía
I) Antigüedad / Filosofía antigua (Aprox 1200 a.C. / 476 d.C)
Grecia
La
antigüedad occidental en general está caracterizada por el apogeo de Egipto,
Grecia y Roma, tres civilizaciones, cada una de las cuales desarrolló una forma
particular de esclavismo. En
general, todo el peso de la sociedad recae sobre la fuerza y la mano de obra
esclava, desde la producción agrícola (base de la economía antigua junto a la
guerra) hasta, y sobre todo, la economía doméstica (en griego dómos significa “hogar”).
Aristóteles
llevará el esclavismo al límite de lo teórico planteando directamente en su
obra La Política que los esclavos son
“objetos animados”, o sea, objetos con vida, así como un cuchillo es un objeto
inanimado, o sea, un objeto sin vida (Política
1253, 35). De acuerdo a este planteo, el
esclavo es propiedad privada del Señor, o sea, el hombre mayor de edad y
propietario del dómos (Política 1254, 15). Sobre los esclavos
recaen las tareas manuales que dan a las clases altas (terratenientes) y medias
(campesinos y artesanos) un tiempo libre para desarrollar su propio ocio y sus
propias investigaciones. Esto modifica para siempre la historia de la filosofía
pues una capa ilustrada de la sociedad se separará del resto para dedicarse a
las tareas intelectuales. La filosofía que en general nos llegó a nuestra época
corresponde a las clases ilustradas que fundaban sus propias escuelas de
pensamiento y contaban con decenas de servidores para sus tareas manuales.
Sin
embargo, seria necio decir que toda la filosofía parte de esta separación de
clases. En realidad, Grecia vive para esta época una deliberación política e
intelectual sin precedentes, en concreto, una revolución democrática que instala en Atenas el primer gobierno de democracia directa de la historia de la
humanidad donde los ciudadanos
(varones, mayores de edad, propietarios y nativos de Atenas) se autogobernaban.
La deliberación política es común a toda la ciudadanía que se reúne
cotidianamente en ágoras, plazas públicas
destinadas a la divulgación de la cultura, la filosofía y los posicionamientos
políticos. En estas condiciones emergen posicionamientos filosóficos
contrapuestos, escuelas de pensamiento y los autores más reconocidos de la
historia del pensamiento como Heráclito, Anaxágoras, Tales, Parménides,
Anaximandro, Sócrates, Platón, Antístenes, Aristóteles, Epicuro y los estoicos.
Nuestro
punto de partida es el 1200 a.C y corresponde detenerse allí pues se trata de
un momento bisagra ya no sólo para la filosofía sino para la cultura
grecorromana (de Grecia y Roma) en general. Es aproximadamente en este año que
decenas de pequeñas ciudadales que luego se unificarán para convertirse en
Grecia deciden unirse en un ejército e invadir la “amurrallada ciudad de Troya”,
tal como lo relatará Homero en su Ilíada escrita en el 800 a.C. (400 años
después de la guerra, lo cual demuestra cómo la misma perduró en la memoria colectiva). Cuenta el mito popular que tras varios años de guerra sin avances,
finalmente, los griegos lograron engañar a los troyanos, invadirlos y saquear
su ciudad mediante la famosa artimaña del caballo regalado. Con el correr de
los siglos los griegos intentarán esconder que actuaron como un imperio invasor que saqueó e incendió la ciudad de
Troya con el objetivo de conquistar nuevas rutas comerciales reemplazando su
relato por el mito de la captura de
Helena. Pero la Guerra de Troya fue una guerra comercial cuyo objetivo fue
penetrar en Oriente, ampliar el mercado y capturar nuevos esclavos. La cuestión
es que aquí comienza el poderío social de Grecia que acabará por transformarse
en la principal potencia de la época, al menos, hasta el apogeo de Roma. Como
se ve, el estudio de la civilización griega está repleto de contradicciones
políticas y sociales.
Un
punto muy interesante de estas contradicciones lo encontraremos siguiendo el
hilo del relato de Homero. Paradójicamente, el héroe principal de la Ilíada será Aquiles a quien se lo
presenta como un guerrero de una extrema fortaleza física y una habilidad para
el combate sin igual (sobre todo por lo veloz de sus piernas) pero que sin
embargo es sumamente pacífico y se negará durante casi 22 de los 24 capítulos
de la obra a combatir contra los troyanos convencido de que Agamenón, el máximo
terrateniente de todo el espacio
griego, rey de y jefe del ejército – quien no dudó en sacrificar a su hija a
los dioses a cambio de la victoria – sólo intenta empujar a los
griegos a la guerra para apropiarse del oro y las mujeres de los troyanos. El
conflicto entre Aquiles y Agamenón representa con claridad el conflicto de toda
la cultura griega, el enfrentamiento de las clases sociales intermedias
(representadas en Aquiles) contra los terratenientes (representados por
Agamenón).
Hasta
pasados varios siglos, aproximadamente el año 624 a.C en que nace Tales de
Mileto toda la filosofía griega pasa por Homero, o sea, que tenemos una
filosofía que se dedica a comentar una obra
religiosa, en particular, politeísta,
donde los dioses representan todas las fuerzas naturales existentes (lluvias,
pestes, incendios, etc.) pero también fenómenos sociales y filosóficos, por
ejemplo, Hera es la diosa que representa la figura por excelencia de las
mujeres griegas y Atenas la combatividad del pueblo ateniense (gentilicio de
Atenas). Pero a medida que comienza a desarrollarse la democracia griega debido
a infinitos levantamientos contras los grandes terratenientes va surgiendo
también en las plazas públicas una nueva forma de pensar la Naturaleza (en griego physis). Ya para el año
600 a.C. los principios de la religión griega comenzarán a ponerse enteramente
en duda y para el 400 a.C. tendremos los
primeros planteos directamente ateos, es el momento de auge del pensamiento
filosófico griego (aunque el filósofo Friedrich Nietzsche caracterice que esta
es la época de retroceso de la cultura griega). Es esta la época en que
finalmente se consolida el primer gobierno democrático en Atenas luego de que
cuarenta mil ciudadanos tomen las lanzas en sus manos y le quiten el poder a
los oligarcas (que luego intentarán sucesivos golpes de estado para retomarlo).
Para
los inicios de esta nueva era, hacia el 600 a.C, Tales de Mileto planteará que es necesario dejar de lado la
obsesión en los dioses y reemplazar las investigaciones divinas por la
observación directa de la Naturaleza y, en particular, del agua, a la que
caracterizará como el principio más importante de todos. Pitágoras hacia el 500 a.C. dedicará sus esfuerzos intelectuales al
estudio de los números y de la geometría. Sus investigaciones derivarán más tarde
en la filosofía de Platón, el
primero en teorizar sobre el “método dialéctico” y fundador de la Academia,
escuela donde estudiarán Aristóteles
y Epicuro, este último, según Carlos
Marx, “el más fiel representante de la cultura griega”. La filosofía de Epicuro
es sumamente interesante porque decide romper con toda la tradición filosófica
y cultural anterior a la suya, incluso, y sobre todo, con la de su maestro
Platón. En vez de decir que el objetivo final de la filosofía es la búsqueda de
la verdad, dirá que la filosofía apunta a desarrollar la individualidad de cada
sujeto y, en particular, ayuda a la búsqueda de la ataraxia, esto es, “la imperturbabilidad del alma”. Además, y sobre
todas las cosas, Epicuro, en vez de fundar una academia o una escuela de
pensamiento, decidió abrir las puertas de su jardín (literalmente un gran
parque repleto de árboles y animales) y transformarlo en un lugar de encuentro
y debates filosóficos con una novedad sin precedentes para la época: estaba permitido el
ingreso de esclavos y mujeres a practicar filosofía. Es importantísimo señalar que tanto esclavos como mujeres estaban en
Grecia excluídos ya no sólo de la filosofía sino de la cultura y la política en
general. Las mujeres no pueden asistir a las asambleas y algunos autores
llegan al extremo de afirmar que tampoco tienen permitido circular por la vía
pública sin sus esposos (los Señores del dómos).
Roma
No
podemos abandonar la antigüedad sin hacer referencia a la que sea quizá la civilización
más importante de la historia: Roma.
Fundada hacia el 753 a.C. por extranjeros venidos desde diferentes zonas de la
actual Europa desarrolló un esclavismo
brutalmente superior al griego en el ejercicio de la violencia. En Roma la
división entre clases sociales es mucho más clara y estricta que en Grecia y se
encuentra incluso establecida en zonas geográficas y apellidos de poseedores y no
poseedores de tierras, oro, plata, riquezas y esclavos. A diferencia de Grecia
existen en Roma hombre libres que no tienen propiedades, los denominados
plebeyos (de aquí la palabra “plebe”) pero que sí tenían vetado, como los
esclavos, el acceso a los organismos de poder. En Roma no hay una democracia
real pues el poder se concentra en las decisiones del Senado, conformado por
hombres mayores de 65 años pertenecientes a las denominadas familias patricias.
La cultura, el arte y la filosofía romanos quedaron estrictamente divididos
entre clases sociales, emergiendo una filosofía de los patricios y otra de los
plebeyos. Lastimosamente los restos que nos quedan de los textos plebeyos son
tan pocos que resulta casi imposible reconstruir sus planteos más allá de los
comentarios de los patricios.
En la
historia universal, la filosofía de los patricios representa un enorme
retroceso para el pensamiento pues se basa en un retorno a los principios
religiosos y legendarios. Basta para ello leer detenidamente La Eneida de Virgilio que retorna al lenguaje que Homero había utilizado en
Grecia 800 años atrás (¡!). En La Eneida,
los dioses y sus hijos, los héroes, vuelven a ser los protagonistas principales
de todas las deliberaciones y reflexiones (esta palabra es clave, pues una
particularidad interesante de la filosofía de Virgilio es que los dioses “reflexionan”,
o sea, piensan en su interioridad).
Por
otro lado, una contradicción (toda la historia está repleta de ellas) que nos
encontramos es que los romanos consideraron a Epicuro el ejemplo más importante
de la filosofía. Una de las obras cumbres de la filosofía romana fue escrita
por el poeta Lucrecio y es titulada De Rerum Natura. En ella se defienden con
rigurosidad los planteos de Epicuro.
Otro
representante famoso de la época romana (aunque en realidad nacido en Grecia
pero luego establecido en la ciudad de Roma) es Plotino con quien nos vamos acercando al final de la edad antigua
mediante un eje teórico crucial. Plotino plantea que “todo” se resume a “lo Uno”.
Hay “una cosa” que engloba al conjunto de la realidad y a partir de la cual “emana”
(cae como agua de una fuente) todo el resto de la realidad. Quién no está
desprevenido verá que estamos ya en una época de cambios. Resulta que unos años
antes del nacimiento de Plotino (200 en total) un muchacho llamado Jesús de
Nazaret había dicho a la población de Belén (actual Palestina) que él era
heredero de Jehová, el dios descrito en el Antiguo
Testamento. Ok, a nosotros no nos importa la historia religiosa del caso
pero sería necio negar la importancia que conlleva el nacimiento del
cristianismo para la historia de la filosofía posterior. En general las
religiones politeístas han muerto para esta época y ascienden religiones monoteístas, de “un solo
Dios”. La “Unidad”, “Lo Uno”, “El Único”, etc. son todas expresiones que se
vuelven la base de la filosofía en esta época. Plotino es sin embargo el último
de los grandes filósofos que mantienen su “unidad” por fuera del dios cristiano
pues a partir de allí durante varios Siglos las reflexiones acerca de este Dios
se llevarán toda la atención de la filosofía. Acaba entonces la filosofía
antigua y comienza la filosofía medieval.
II) Edad media / Filosofía medieval
En el principio era el verbo y el verbo se hizo carne (Juan,
1:1-14). Esta frase pertenece al Nuevo
Testamento. La palabra que se traduce como “verbo” es en realidad el griego lógos que significa, en español, “razón”.
Se observa con esa frase hacia donde apunta la filosofía del cristianismo. De alguna manera se afirma allí que la
época de la razón tal como se la conocía en otras épocas se habría dado por
acabada y que de ahora en más esa razón es carne, pero no cualquier carne, sino
la carne de Cristo. A resumidas cuentas, ¿para qué filosofar si ya Cristo
representa toda razón posible? Más allá de los intereses genuinos de varios
seguidores del cristianismo primitivo (de sus primeras épocas) la religión
cristiana representó una contrarrevolución
intelectual sin precedentes en la historia universal. En sus inicios el
imperio romano fue inconsciente del alcance de este proceso y prohibió el
cristianismo hasta que en el Siglo V denomina al cristianismo como su religión
oficial fundándose el catolicismo apostólico romano. El papa se transforma en
el centro político de la religión, se lo considera un representante de la
voluntad de Dios en la Tierra y su apoyo es decisivo para el sostenimiento del
poder de los reyes que emergerán en la Edad Media.
Esta
es la base de toda la filosofía medieval pero, cuidado, lo es solamente porque
fue impuesta por el poder. Hacia el
470 a.C se derrumba el imperio romano luego de doscientos años de crisis
económicas, sociales y pestilencias fulminantes. El imperio fue atacado por
todos los frentes, desde Germania (actual Alemania), desde Britania (actual
Gran Bretaña) y desde las Galias (actual Francia). En general, los habitantes
de las ciudades romanas apoyaron a los invasores contra sus propios
gobernantes. El poder del imperio se desvanece y en cada zona se forjan poderes
particulares que luego de un gran proceso político acaban por transformarse en
monarquías con reyes a la cabeza, caballeros y nobles que apoyan a los reyes.
Junto a ellos se conforman zonas territoriales de cultivo que son dirigidas por
Señores aliados del rey y se encargan de explotar a los campesinos que se
transforman en la gran base social y popular de la Edad Media.
En
cuanto a la filosofía política de la época hay una unidad entre los reyes y la iglesia. Desde allí se imponen y, sobre
todo, se persiguen principios filosóficos y científicos. Con el correr de los
siglos emergerá hacia fines de la Edad Media la inquisición, una
institución católica encargada de perseguir toda iniciativa que se considere
hereje, por caso, a fines de la Edad Media se condenará a otro
(paradójicamente) gran católico, Giordano Bruno, por afirmar la existencia de
múltiples universos, una teoría que hoy, seiscientos años después, es
indiscutible en las entidades científicas más serias del mundo. En la misma
época se persiguió masivamente a las “brujas”, es decir, mujeres que
investigaban científicamente mediante sus propios métodos, por ejemplo,
buscando curas para erradicar la peste negra que entre 1347 y 1352 asesinó a
treinta millones de seres humanos. Este método nacido en la Edad Media perdurará a lo largo de los Siglos. Recién en 1992, por ejemplo, la iglesia católica la pidió disculpas a Galileo Galilei por haberlo condenado luego de descubrir el movimiento de traslación de la Tierra.
Así y
todo, no todo es gris. La filosofía y la ciencia medieval tienen sus grandes descubrimientos
y planteos teóricos. Agustín de Hipona, por ejemplo, dedicó su vida a
investigar la interioridad del alma.
Es verdad que planteará que en el interior del alma se encuentra (quién más sino
que) Dios pero ello no quita que se haya
preguntado por el interior de la consciencia, es decir, descubrió un método
de investigación. Hoy por hoy los filósofos de la interioridad reconocen en
Agustín a un pionero. Por otro lado, como decíamos más arriba, el sistema económico del medioevo (otra
forma de denominar a la Edad Media) pasa casi en su totalidad por el campo,
en particular, por los feudos, parcelas de tierra a cargo de un señor feudal que
se encarga de recolectar tributos de los campesinos mientras la iglesia recauda el diezmo (la décima parte de la producción). Si bien los campesinos trabajan de sol a
sol, no son esclavos y tiene sus propios organismos, sus propias instituciones
y sus propios debates. Allí emerge, por un lado, una filosofía pagana, alejada
del cristianismo y, por otra, un cristianismo campesino que se dedica a
estudiar la Biblia. Claro que no es
lo mismo la Biblia leída en voz alta
por un monje aliado del rey que por un campesino pobre. De esta forma los
campesinos de Alemania son en el Siglo XIII los primeros en hablar de “comunismo”
(o sea, la posibilidad de que las tierras sean comunes a toda la población)
además de exigir libertad para
interpretar las Sagradas Escrituras. En 1381, en otra zona, en Inglaterra,
los campesinos medievales se sublevaron contra el poder y aunque fueron
derrotados dejaron grandes huellas para lo que serán las revoluciones del
futuro. Ellos mismos se denominaban “niveladores” (Levellers) - porque soñaban con nivelar a todas las clases sociales
- que es la misma denominación que usarán los revolucionarios de 1640, cuando
finalmente en Inglaterra caiga el poder del Rey. Como no podía ser de otra
manera, con la palabra revolución
damos fin a los mil años de Edad media para inaugurar la “nueva era” como le
gustaba llamarse a la Modernidad a los filósofos de esta época.
III) Modernidad / Filosofía moderna
Entonces,
en el año 1640 estalla la que sea quizá la revolución más importante de la
historia de la humanidad, la inglesa, que, de tal magnitud, hace caer a la
monarquía e instala el primer parlamento
democrático elegido mediante representantes del pueblo. Campesinos y
habitantes de las ciudades cercaron durante días la Ciudad de Londres hasta
obtener la victoria contra el Rey. Se consagran desde allí los denominados Derechos
Universales del Hombre que consideran a todo ser humano igual a otro. En 1789
un proceso muy similar estalla en Francia pero esta vez con dimensiones
internaciones. La revolución francesa superó sus propias fronteras y se
expandió por el mundo entero, sobre todo, por España y, por ende, a sus
colonias en América. De hecho, como sabemos, en 1810, en el Río de La Plata, se
expulsará del poder al Virrey Cisneros en reemplazo de la Primera Junta de
gobierno. Esta época repleta de revoluciones es la época del verdadero liberalismo, aquel que exigía
libertad económica para comerciar contra las trabas y bloqueos (cuando no
prohibiciones directas) que imponían los Reyes. Junto a la libertad económica
emerge la idea de libertad de pensamiento y de acción, la libertad de la
práctica artística y por supuesto filosófica. Nosotros estudiaremos cómo este
proceso se manifiesta en el campo de la filosofía del conocimiento, en particular,
mediante la obra de René Descartes e Immanuel Kant pero no perderemos de vista
el fenómeno económico que por excelencia inaugura la modernidad: el sistema capitalista.
En teoría,
el capitalismo es un sistema económico que requiere de hombres totalmente
libres. El “obrero”, su base fundamental, no es ni esclavo como en la
antigüedad ni está atado a la tierra como el campesino medieval. Al contrario, pacta con su empleador (el denominado “patrón”
o “capitalista” – técnicamente el “burgués”) la venta de una parte de su tiempo de vida a cambio de un salario.
El empleador extrae una ganancia de esta porción de tiempo, la cual llamamos
plusvalía. La característica política de la edad moderna será, por un lado, el
proceso de monopolización de los
medios de producción (máquinas, tierras, materias primas) para explotar a los
obreros y extraer ganancias cada vez más abusivas y, por otro, la puja por
ampliar el tiempo de explotación de la mano de obra y/o reducir los salarios de
los obreros. Como se ve, otra vez estamos en las contradicciones de la
historia. La época de las libertades sociales inaugura un nuevo conflicto a
escala, ahora, mundial, el enfrentamiento constante entre obreros y burgueses
por lo cual ni bien acaban los procesos cercanos a la revolución francesa se
inician todo tipo de levantamientos y huelgas obreras alrededor del mundo
entero. Pero este es un proceso de varios siglos que debe ser examinado al
detalle. Por lo pronto a nosotros nos importará la forma en la que se expresa
en la filosofía política, por ejemplo con la evolución del concepto de “pacto”.
Thomas Hobbes y Jean Jaques Rousseau serán los grandes teóricos de los pactos sociales de la época moderna.
Ahora
bien, nuestro eje deberá rondar en la forma en que todo este proceso se expresa
en el pensamiento filosófico, en particular, en la gnoseología (teoría del
conocimiento). En 1641, apenas un año después que la revolución inglesa, René Descartes publicó sus Meditaciones Metafísicas. Estas
meditaciones son fundamentales y fundantes de la modernidad filosófica pues en
ellas se plante 1) que es posible dudar de todo; 2) que si dudo de todo es
indudable que estoy dudando y, por ende, que soy capaz de pensar y 3) que si
soy capaz de pensar, entonces, existo (cogito
ergo sum). Este concepto modifica para siempre a la filosofía. Toda la
filosofía previa a Descartes y, sobre todo la escolástica medieval (la
filosofía apegada a los principios del catolicismo preponderante de la Edad
Media) planteaba que nuestra existencia sólo era accesible mediante la “fé” en
el creador y, Descartes, en cambio, plantea que es desde nuestro pensar que
accedemos a nuestra existencia.
Algunos
años más tarde, en 1787, (ahora dos años antes de la revolución francesa) Immanuel Kant irá todavía más lejos y
dirá que nada es posible de ser representado si “el yo no acompaña todas mis
representaciones”. Ya se analizará el alcance científico de este planteo y la
forma en que le ubica límites al divague metafísico. Por el momento digamos que
el sujeto, el “yo”, se transforma
durante la Modernidad en el nuevo protagonista de la filosofía.
IV) La filosofía contemporánea / Una época de crisis
Tenemos a partir de este momento un problema teórico e
histórico pues no está del todo claro si deberíamos introducir a la época actual
(año 2024) dentro de la Modernidad o hablar de una nueva etapa. Los teóricos se
dividen en relación a este punto. Social y económicamente hablando es cierto
que el modo de producción dominante continúa siendo el sistema capitalista pero
también es cierto que, por un lado, en el mundo entero (y en Argentina sabemos
bastante de esto) el capitalismo se encuentra al borde de un colapso financiero
y social que se expresa constantemente en quiebres de Estados, bancos y
empresas y, por el otro – pero como consecuencia de la misma crisis sistémica –
el mundo avanza en guerras brutales e impredecibles como las actuales en Ucrania
y Medio Oriente.
Es la crisis del capitalismo la que abre el paraguas para
determinar dónde estamos parados, es decir, preguntarnos si acaso la modernidad
continúa vigente con todos sus postulados o, en realidad, la modernidad liberal
ha muerto. La revolución rusa de 1917, por ejemplo, abolió por un largo lapso del
tiempo el poder de los capitalistas y sus representantes diplomáticos en
reemplazo de soviets, es decir,
asambleas de obreros, soldados y campesinos que se autogobernaban.
En este campo existe una posición intermedia, “tibia”, que
afirma que aún estamos en la época moderna pero que, dentro de la modernidad
vivimos en una sub-etapa a la que deberíamos llamar “posmodernidad”. Según esta
teoría el capitalismo no se encuentra en una crisis final sino que éste siempre
encuentra formas de readaptarse a nuevas condiciones. (En fin no es tarea de un
profesor de filosofía imponer una posición definida sino ofrecer al alumno el
abanico de posibilidades para que este pueda analizar los procesos por su
cuenta. Así que llegado el momento será tarea del alumno tomar partido por una
u otra variante).
La filosofía actual también está en crisis. Por caso, Walter
Benjamin, filósofo de principios de Siglo perseguido por el nazismo
debido a su crítica tenaz al fascismo, se preguntó si “era posible la
filosofía después de Auschwitz”, o sea, luego de los campos de concentración
nazis. Así y todo, “a los tumbos”, la filosofía y la ciencia han avanzado
enormemente en las últimas décadas. La teoría
de la relatividad del tiempo de Einstein dio vuelta varios postulados y
puntos de partida que se creían verdades absolutas y aún hoy la filosofía
atraviesa por una época de reordenamiento teórico y conceptual. Quizá mejor que
nadie esta crisis la expresó la filosofía del lenguaje de Ludwig Wittgenstein quien se preguntó si, al fin y al cabo, todos
los problemas históricos de la filosofía no eran más que una suma de problemas
lingüísticos. Incluso un problema histórico, el de “la esencia de las cosas” se
modificó y, en vez de buscar la esencia en la interioridad, Jean Paul Sartre afirmó que hay que
dejar de buscar en lugares sin sentido pues la esencia solo se la haya en la mirada a los ojos entre dos personas. Toda
una declaración del estado melancólico
actual del pensamiento filosófico.
En el campo de la subjetividad el yo está en crisis. Sigmund Freud se preguntó si acaso el
capricho moderno de colocar al yo en el centro de todas las deliberaciones no
decantó, en realidad, en patologías
narcisistas, un tema fundante del psicoanálisis que años más tarde
proyectará Jacques Lacan.
Hemos presentado entonces un esbozo sumamente reducido de la
historia de la filosofía. En los próximos bimestres nos detendremos en algunos
puntos en particular como, entre otros:
-
La
alegoría de la línea y de la caverna de Platón
-
La Ataraxia de Epicuro
-
Las Meditaciones cartesianas
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El
noúmeno kantiano
-
Los
juegos del lenguaje de Ludwig Wittgenstein.
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